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El Otro Jesús

Más allá de toda especulación religiosa, la vida de Jesús influyó en la humanidad como nadie antes. Se han escrito miles de libros sobre sus enseñanzas y milagros, se han librado guerras en su nombre, millones de fieles lo veneran día a día, hace dos mil años, y, sin embargo, Cristo nunca escribió nada. Al igual que Sócrates, todo lo que se sabe de él está basado en los testimonios de los otros. Incluso lo que efectivamente se conoce de su vida corresponde a la mitad, ya que del período comprendido entre sus 12 y 30 años nadie, oficialmente, ha escrito nada.
Es, por lo menos, curioso que de la persona más influyente de los últimos 2000 años sólo se sepa su infancia y sus últimos 3 años. El comienzo y el fin. El nacimiento y su muerte en la cruz. Sobre eso hay material de sobra, pero ¿por qué su juventud es un misterio? La primera respuesta sería porque los evangelios canónicos no lo nombran. Y la segunda porque, por más que lo hubieran nombrado, era mejor no dar a conocer ciertas experiencias sobre su vida. Y esas "ciertas experiencias" tienen que ver con su condición de ser humano. Siempre es más fácil cubrir de magia y misticismo el nacimiento y la muerte a las vivencias de un joven que viaja hacia el Este. Desde la aparición del arcángel Gabriel a María hasta la resurrección de Cristo la vida conocida está teñida de milagros y hechos inexplicables.
Es importante recordar que el Cristianismo se establece como religión oficial del Imperio Romano en el siglo IV, con lo cual las tergiversaciones y las manipulaciones de los textos son altamente posibles en todo ese lapso, sin contar las propias del emperador Constantino. Para citar un ejemplo, Jesús no nació el 25 de diciembre del año 0, sino siete años antes. Esto se debe al cambio del calendario realizado por el papa Gregorio, quien le encargó dicha tarea al monje Dionisio el exiguo. Dionisio se equivocó en unos 6 o 7 años al establecer el reinado de Herodes El Grande. Dicho error se originó al datar el nacimiento de Jesús después de su muerte cuando hoy en día se sabe que Herodes falleció en el año -4. Justamente en el año -7 se realizó el censo en Judea, año en el que efectivamente nació Cristo.
La fecha tampoco es verdadera. El 25 de diciembre se modificó, a conciencia, para reemplazar la tradición de la fiesta pagana, que celebraba a partir del 21 de diciembre, solsticio de invierno, el alargamiento de los días, por el nacimiento del Hijo de Dios. A su vez, como lo mencionan los evangelios, no era posible que los rebaños salieran a pastar en épocas tan frías. Con lo cual se deduce que Jesús tuvo que haber nacido entre junio y octubre, más precisamente en agosto.
Ninguna historia donde se personifique al Hijo del Hombre podría estar carente de hechos mágicos y maravillosos, de modo que en los evangelios se habla de una madre, virgen, que da a luz a un niño que fue previamente anunciado por un arcangel. Luego ese niño sería visitado por tres magos que llegaron guiados por una estrella extraña. A los 33 años sería traicionado y crucificado, y allí en lo alto perdonaría a la humanidad por sus pecados. A los tres días resucitaría y se le aparecería a sus apóstoles 4 veces según los evangelios canónicos y más de 15 según algunos apócrifos.
Poco se habla del Jesús humano, de aquel que pudo haberse enamorado de María Magdalena, que pudo haber tenido relaciones sexuales no sólo con ella sino con otras mujeres, poco se habla de sus miedos y tentaciones, de sus errores, de sus largos viajes por Oriente y Asia, de su visita a la pirámide de Keops y su mística experiencia vivida en la cámara del Rey, poco se habla de él con minúscula, porque es mejor pensar que dios efectivamente estuvo entre nosotros, y caminó entre nosotros, y tuvo un cuerpo como nosotros.
Considero que lo meramente importante es su mensaje de amor, un mensaje cuya profundidad y sensibilidad aún hoy no puede ser entendido. Cristo habló de un amor ajeno al racional y convencional, alejado de los hábitos y costumbres que, siglo tras siglo, estructuran nuestra manera de obrar. Su amor fue espiritual, sensible, íntimo. Y lo dijo. Lo nombró. Ese fue su auténtico milagro.